Las sociedades meritocráticas no maximizan la movilidad social a largo plazo ni la igualdad económica. Maximizan la clasificación eficiente. Una vez que esta clasificación se realiza, la movilidad disminuye y la desigualdad aumenta. Esto crea una reacción en contra de la meritocracia a pesar de su éxito en generar prosperidad.