Lo mejor de una práctica matutina de escritura es cómo te sorprende. Hay algo tan honesto en las cosas escritas justo después de despertar, como si no tuviéramos energía para filtrar. O sobreingenierizar una idea. O reprimir lo que realmente estamos pensando. Antes de que llegue la avalancha de distracciones y el autofiltrado se instale por el día, el delirio del estado medio dormido sienta las bases perfectas para que surjan ideas sorprendentes.