La semana pasada participé en un evento @wpnznwatch en Washington, D.C. Las historias que encontré no eran simplemente incidentes aislados de injusticia; revelaron un patrón en el que el Departamento de Justicia ha estado etiquetando a los estadounidenses comunes como "enemigos" por atreverse a desviarse de la narrativa aceptada por el establishment. A lo largo de muchos de estos casos, los mismos cigarrillos rojos seguían saltando a la vista: - cargos infundados de conspiración - mentiras descaradas - manipulación de pruebas por parte de las AUSAs Lo que destacó especialmente fue cómo el gobierno retrató a muchos acusados como "raros" u "otros". En el caso de Samourai, los fiscales presentaron el deseo de privacidad financiera de Keonne y Bill como sospechoso e inherentemente criminal. Tergiversaron las opiniones políticas y la libertad de expresión de Keonne en "pruebas" de intención criminal, sugiriendo que aferrarse a principios de libertad equivalía a prueba de culpabilidad. Sin embargo, es importante señalar que no solo los "raros de la privacidad" son los que son el objetivo. La instrumentalización del DoJ, que comenzó bajo Biden, ha afectado a una variedad de personas. El hilo conductor entre estos casos es cómo la "otredred" de estos individuos ha llevado al público general a volverse indiferente, creyendo que no les afecta. Todos deberíamos preocuparnos, ya que se ha dejado claro que cualquiera puede convertirse en un objetivo. #pardonsamourai