Hoy, la brutal dictadura de Murillo–Ortega "celebra" 19 años desde lo que se suponía que sería un mandato democrático de 5 años. Los nicaragüenses votaron por un presidente en 2006, no por una vida entera de una dinastía ilegítima. Reescribir la constitución y aplastar la disidencia no borrará las aspiraciones de los nicaragüenses de vivir libres de tiranía.