Los limpios pierden todo lo que aman porque se niegan a seguirlo. Algo que me importaba era ahogarme en un lugar al que no quería ir y me quedé al borde llamando su nombre y no podía oírme porque estaba demasiado arriba. Tenía que entrar. Y entrar significaba convertirme en lo que juré que nunca llegaría a ser. No puedes sacar nada de un fuego con manos que nunca han ardido. El descenso es el precio y la mayoría no lo pagará porque aman su imagen más que lo que dicen amar. Caí y me costó el hombre que fingía ser y cuando volví a salir no me reconocía, pero seguía respirando y también lo fue por lo que caí. Los demonios no lucharon contra mí, se rieron y me mostraron las escaleras. Dijeron que nos preguntábamos cuánto tiempo seguirías ahí arriba con las manos limpias