La analogía de la conducción autónoma es correcta, pero el fallo no es "la IA no puede pensar con dificultad". Cuando estás programando "a la antigua", tus manos hacen tareas innecesarias y tu cerebro está construyendo un modelo: por qué existe esta función, qué se puede romper, qué caso raro te despierta a las 3 de la madrugada. Los agentes de codificación eliminan el bucle de enlace que pone el código en tu cabeza. Así que el nuevo trabajo es disciplina de operador: trata a los agentes como un ingeniero junior que es extremadamente rápido pero un poco demasiado confiado. No se elimina la supervisión. Tú lo rediseñas. Más barreras de seguridad, más observabilidad, más puntos de control verificables —y menos momentos en los que se pide al humano que apruebe sin problemas una masa que no ha metabolizado.