Miles del sábado por la mañana con mi hermana y mi novia. Los tres entrenando para Boston. Boston fue mi primer maratón en 2022. Lo corrí para la caridad y corrí 3:30. Mi hermana también lo corrió ese año tras clasificarse y corrió en 2:59. Ver la constancia y el compromiso que mostró entonces fue lo que primero me hizo creer que algún día podría clasificarme. Ha luchado contra lesiones en los últimos años, pero sé que está lista para correr algo especial esta primavera. Y mi novia está haciendo cola para su primer Boston para la caridad este año. Acaba de terminar un 3:21 en CIM, que la clasificó, pero está buscando 3:15 para crear un margen real y poder volver a alinearse el año que viene con un tiempo de clasificación. Poder entrenar junto a dos personas que aparecen cada día, tanto a pesar de los contratiempos como de los grandes objetivos, es algo que no tomo a la ligera. No son solo inspiración. Son la razón por la que sigo apareciendo.