La lección más importante que he aprendido al trabajar con personas realmente inteligentes es: La acción genera información. Pensar no lo hace, planificar no lo hace, esperar tampoco lo hace. Cuando no sabes qué hacer, haz algo. Incluso si es un error, hazlo. Especialmente haz errores. Porque la acción puede eliminar la incertidumbre, revelar factores limitantes, exponer cuellos de botella y mostrarte lo que realmente importa, en lugar de lo que imaginas que es importante. La claridad no es un requisito previo para la acción; la acción es el requisito previo para la claridad. La dificultad no radica en entender esto, sino en integrarlo en tu trabajo diario, desarrollar el hábito de actuar, ver la acción como un experimento y permitir que la realidad te corrija más rápido que tu pensamiento. Los que actúan aprenden, los que dudan especulan.