Vi estos conos de tráfico de vidrieras en una venta de bienes y algo dentro de mí simplemente se rompió. Veinticinco años de paredes beige, zapatos sensatos y vacaciones de "quizá el año que viene". Veinticinco años siendo el responsable mientras mi marido perseguía todos los pasatiempos, desde elaborar cerveza hasta restaurar motos. Pero aparentemente que yo quisiera aprender vidrieras era "poco práctico a nuestra edad." Los conos fueron hechos por esta mujer de 78 años que empezó su negocio de vidrio tras la muerte de su marido. Su hija vendía de todo, me contó que su madre pasó la última década haciendo "cosas ridículamente hermosas" y vendiéndolas a través de su tienda para financiar viajes a Italia. Me quedé allí sosteniendo esos conos ámbar, escuchando historias sobre una mujer que decidió que la alegría era más importante que la practicidad, y compré las seis piezas en el acto. Mi marido los vio en el garaje y simplemente suspiró. "¿Qué se supone que son esos?" Conos de tráfico, obviamente. Conos de tráfico artísticos. Conos de tráfico felices que se iluminan y me recuerdan que aún no es tarde para hacer algo bonito con mis manos. Ya me he inscrito en un taller de vidrieras el mes que viene. Él piensa que estoy teniendo una crisis de la mediana edad. Quizá sí. Pero si mi crisis implica aprender a doblar cristales y colorear la luz en vez de comprar un deportivo, diría que me va bastante bien. Estos conos los voy a poner en mi jardín, donde los veré cada mañana con mi café, recordatorios naranja brillantes de que lo práctico no siempre significa lo correcto. Por Elisa Rogers