Cada vez que pones una excusa, te estás contando una historia sobre por qué no puedes ganar. Y las historias que nos contamos a nosotros mismos moldean lo que creemos que es posible. La mayoría de nosotros, cuando fallamos, inmediatamente construimos una narrativa. El problema con las excusas es que crean una barrera mental. Una vez que aceptas una excusa, has decidido que algunos obstáculos son razones legítimas para fallar. Has creado una lista de condiciones bajo las cuales no esperas tener éxito. Esto no se trata de ser irrazonable o duro contigo mismo. Se trata de mantener tu agencia. Cuando rechazas las excusas, mantienes tu poder para afectar los resultados. Cuando las aceptas, entregas ese poder. Así que aquí hay una regla simple: cuando realmente necesitas tener éxito en algo, haz un compromiso no solo de dar lo mejor de ti, sino de rechazar cualquier excusa si fallas.