El Financial Times publicó un artículo esta semana titulado "Por qué las empresas en dificultades se están cargando de bitcoin". A primera vista, parece una historia sobre la adopción corporativa del activo digital líder en el mundo. Lea más allá del titular y surge un problema. El artículo usa "Bitcoin" y "cripto" indistintamente, lo que da la impresión de que son lo mismo. El artículo incluye casos de Bitcoin de alto perfil como MicroStrategy junto con empresas que adquieren otros tokens como Ether o Solana. Informa las cifras totales de "compras de criptomonedas" mientras presenta la tendencia como empresas que "se cargan de bitcoin". Las advertencias sobre el riesgo sistémico se refieren a las empresas que tienen criptoactivos muy por encima de sus ingresos, pero no distinguen entre Bitcoin y otros activos, lo que cambia la forma en que se pueden interpretar los datos. La diferencia es importante porque Bitcoin no es "cripto". Bitcoin es una red de suministro fija y descentralizada con 16 años de tiempo de actividad y una política monetaria clara. Las criptomonedas son un cajón de sastre para millones de tokens con niveles muy diferentes de seguridad, regulación, liquidez y propósito. Una empresa que agrega bitcoin a su tesorería como activo de reserva a largo plazo no es lo mismo que una que especula con altcoins ilíquidas y de alta volatilidad. El perfil de riesgo, los motivos y la señal al mercado son diferentes. Cuando los periodistas desdibujan estas líneas, el análisis pierde su fundamento. Los lectores se quedan con una narrativa demasiado simplificada que solo se mantiene unida si Bitcoin y las criptomonedas se tratan como una sola categoría. Si un argumento depende de la fusión de esos dos mundos, no es análisis. Es una mala dirección y es perjudicial. Muchos legisladores leen artículos convencionales como este, toman la narrativa al pie de la letra y forman sus puntos de vista sobre bitcoin sin consultar a expertos en la materia o revisar datos primarios. Así es como una cobertura defectuosa puede terminar influyendo en la elaboración de leyes. En 2018, el informe del Comité Selecto del Tesoro del Reino Unido sobre "criptoactivos" agrupó a Bitcoin y altcoins en una sola categoría, un marco que reflejaba la cobertura general en ese momento. Ese marco se convirtió en parte del registro político y se alineó con las preocupaciones citadas más tarde por la FCA cuando introdujo una prohibición de los criptoderivados para los inversores minoristas. En la UE, los primeros borradores de la legislación MiCA incluían un lenguaje que habría prohibido efectivamente las redes de prueba de trabajo como Bitcoin al someterlas a estrictos estándares ambientales. Estas disposiciones reflejaban la narrativa común en la cobertura general de la época, que retrataba el uso de energía de Bitcoin sin contexto. Los conceptos erróneos impulsados por los medios sobre Bitcoin ya han influido en la regulación. Si una cobertura como esta continúa dando forma a la comprensión política, el esfuerzo requerido para deshacer el daño solo crecerá, y Bitcoin se regulará en la ficción en lugar de la realidad, como parece haber sido hasta ahora. Me alegro de que Bitcoin esté recibiendo la atención de los principales medios de comunicación, pero no así. La Ley de Brandolini dice que se necesita diez veces más esfuerzo para corregir la información errónea que para producirla. Si ese patrón continúa, el costo de reparar el daño será enorme y los errores de política aún más. Lea el artículo completo:
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