Una de las mejores maneras de vender cualquier cosa es hacer que las personas sientan algo. Acabo de salir de un concierto de Ludovico Einaudi. Sin letras. Sin explicaciones. Sin palabras. Aun así, vi a la gente llorar. No puedo enumerar los instrumentos que se tocaron, pero recuerdo exactamente cómo me hizo sentir. Esa es la lección. La gente no compra porque entienda completamente tu producto o incluso lo necesite. Compran por cómo les hace sentir.