¿Y si el ETH llega a cero? es un experimento mental, no un modelo de riesgo. Si esa es tu prueba de estrés, ya no haces análisis de riesgos, estás haciendo ciencia ficción. Imagina evaluar a Apple o JPMorgan preguntándote: ¿Y si la acción llega a cero? Lee mi respuesta al absurdo informe 👉 de @bancaditalia El informe identifica una relación teórica entre los precios de los tokens y los incentivos de infraestructura en blockchains sin permisos. La participación de los validadores está impulsada en parte por las recompensas denominadas en tokens, y una caída severa del precio podría debilitar esos incentivos. Ese mecanismo no es controvertido. El problema radica en cómo el informe extrapola esta posibilidad limitada a un escenario de riesgo extremo y cargado retóricamente. Enmarcar el análisis en torno a "el token va a cero" exagera materialmente la plausibilidad del riesgo. Cero no es un caso realista de tensión en los marcos normales de valoración; Es un resultado extremo que implica implícitamente un colapso simultáneo de confianza, uso, utilidad y gobernanza. Eso se parece más a un escenario de fallo existencial que a una tensión creíble del mercado. La infraestructura financiera—ya sean bancos, redes de pago o mercados—no se deteriora de forma binaria, y es poco probable que las redes cripto sean la excepción. Más importante aún, el informe trata los incentivos de validación como monolíticos y puramente especulativos. En la práctica, los participantes en infraestructura operan bajo motivaciones diversas y estratificadas: comisiones de transacción, MEV, necesidades empresariales, ingresos por servicios, posicionamiento estratégico y alineación a largo plazo del ecosistema. El precio del token es solo una variable. Las operaciones profesionales de staking, la eficiencia de costes y las adaptaciones a nivel de protocolo debilitan aún más la suposición de que la caída de precios se traduce directamente en abandono de infraestructuras. El informe también aplica un estándar de análisis asimétrico. Los sistemas tradicionales de liquidación enfrentan fallos de incentivos, interrupciones operativas y riesgos de contraparte, pero no se enmarcan mediante narrativas absolutistas de "va a cero → el sistema se detiene". En su lugar, se evalúan mediante escenarios de estrés graduado, redundancia y mecanismos de resolución. Aplicar un marco más extremo a la infraestructura cripto aumenta la fragilidad percibida en lugar de aclararla. En última instancia, la conclusión principal —que un colapso simbólico podría desencadenar la ruptura de los acuerdos— funciona más como un experimento mental que como un riesgo plausible de política a corto plazo. El riesgo es altamente condicional, de baja probabilidad y se sobrevalora cuando se eleva a una preocupación sistémica central.