Si crees que la charla trivial es inútil, estás malinterpretando una de las tecnologías sociales más antiguas e importantes que existen los humanos. La charla trivial y el charlo trivial cumplen una función para los humanos similar a la acicalación entre nuestros parientes primates. Cuando se observan chimpancés, bonobos y otros simios, el acicalado rara vez tiene que ver con la higiene y la limpieza. A menudo, el propósito del preparo es social: crear vínculos, señalar confianza y reforzar alianzas. El grooming es cómo se mantienen las relaciones. Para los humanos, la charla trivial hace un trabajo muy similar. Es una forma de establecer conexión, facilitar la interacción social y señalar buena voluntad. La conversación, en este sentido, es una habilidad social práctica, no una actuación intelectual. Eso importa porque la conversación es algo en lo que casi cualquiera puede mejorar. No depende de ser extrovertido ni de tener una inteligencia inusualmente alta. Incluso personas muy inteligentes pueden tener dificultades, mientras que otras lo aprenden fácilmente. La cuestión es que la conversación es tan profundamente humana que es ampliamente aprendible. Tampoco es una habilidad como la física teórica o la filosofía avanzada, donde el dominio requiere una capacidad cognitiva excepcional. Una mejor analogía es aprender a conducir una palanca de cambios: al principio es torpe y exigente, pero una vez que le coges el ritmo, se vuelve automático. Con un poco de práctica, la conversación deja de sentirse como trabajo y empieza a sentirse natural.